La Lesión Medular (LM) es una enfermedad compleja y que cambia la vida de las personas, y su impacto no sólo es a los pacientes si no también afecta a la familia, profesionales clínicos y a la sociedad.
La LM se define como el daño a la médula espinal por causas traumáticas y no traumáticas1, lo que interrumpe la comunicación neurológica entre el cerebro y los órganos periféricos del cuerpo, resultando así la pérdida sensitivomotora en diferentes grados2.
Para evaluar las deficiencias sensoriales y motoras tras una lesión medular se utiliza la Escala de la Asociación Americana de Lesión Medular (American Spinal Injury Association Impairment Scale, AIS) de la Normas Internacionales Para La Clasificación Neurológica De Lesión Medular (International Standards for Neurological Classification of SCI, ISNCSCI). Esta escala determina la severidad y el nivel neurológico de la lesión (NLI, por sus siglas en inglés), lo que se refiere al segmento más bajo de la médula con función sensitiva normal y función motora antigravedad3. La AIS define cinco grados de severidad:
Dependendiendo de la severidad y el NLI, el daño puede resultar en síntomas temporales o permanentes que pueden incluir4,5:
Experimentar estos síntomas pueden conducir a una pérdida de independencia y falta de actividad física debido a movilidad limitada, poniendo así al individuo en riesgo por numerosas complicaciones de salud. Esto incluye enfermedades cardiovasculares6, atrofia muscular7, infecciones en las vías urinarias, problemas respiratorios8, lesiones en la piel debido a la presión, aumento del dolor neuropático, contracturas, y fracturas debido a la osteoporosis9, lo que afecta negativamente a la calidad de vida de quienes viven con LM.
Por esta razón, los objetivos principales de la rehabilitación para personas con LM incluyen volver a ganar independencia y mejorar el bienestar aumentando la movilidad, lo que es altamente relevante para participar en su vida social y profesional.
La rehabilitación se considera un parte integral del proceso de tratamiento. Los mejores resultados clínicos en personas con LM se alcanzan con terapia de movilización temprana y rehabilitación intensiva bajo la supervisión de doctores, fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales10. El ejercicio es considerado esencial para el mantenimiento de la salud tras una LM.
El objetivo principal de los programas de neurorrehabilitación es fomentar la actividad física en una posición vertical. Esto no solo mejorar la calidad de vida del paciente si no que también funciona para prevenir o aliviar complicaciones de salud a largo plazo debidas a inactividad física7,9.
Para pacientes con lesiones motoras incompletas, la restauración de la función motora es una meta crucial de la rehabilitación. Esp se logra con movilización temprana y progresiva, repetitiva, entrenamiento de marcha de alta intensidad, basado en los principios de aprendizaje motor y neuroplasticidad.
Las estrategias de rehabilitación convencional se enfocan en rangos de movimiento y estiramiento, ejercicios activos, estimulación eléctrica, y entrenamiento funcional de tareas de movilidad diarias11. Esto incluye intervenciones físicas para promover ejercicio aeróbico y fuerza muscular.
Caminar es un componente fundamental del movimiento humano que requiere la activación de las extremidades inferiores para iniciar los pasos y sostener el peso corporal durante la carga. Esta demanda estimula al sistema cardiopulmonar para aumentar el suministro de oxígeno a los músculos en funcionamiento. El ejercicio es esencial para el mantenimiento de la salud a lo largo de la vida después de una LM. Las guías actuales de actividad física para personas con LM recomiendan un mínimo de 20 minutos de actividad de intensidad moderada a vigorosa, al menos 2 veces por semana, para conseguir mejoras en la capacidad aeróbica. Además, el entrenamiento de tareas específicas orientadas a movimientos funcionales, como la transferencia y la marcha, con múltiples repeticiones, ayuda a promover la neuroplasticidad y la reeducación neuromuscular.
En el caso de personas con lesión medular, su capacidad de estar de pie y caminar es limitada. Por ello, para entrenar la marcha se suele usar dispositivos de asistencia, como ortesis, o sistemas de soporte de peso corporal (BWS, por sus siglas en inglés) usando una cinta o caminando en el suelo. En este último, el paciente está sostenido por un arnés y los movimientos de las extremidades son asistidos por el terapeuta.
Sin embargo, estas técnicas implican una gran carga física para los fisioterapeutas, ya que reproducir el patrón fisiológico de la marcha puede requerir de 2 a 3 personas que controlen y asistan manualmente al paciente, lo que dificulta su aplicación en dosis elevadas12,13. Con el paso de los años, la rehabilitación ha evolucionado con nuevas intervenciones basadas en tecnología como el entrenamiento de marcha asistida por robots para facilitar el entrenamiento de marcha.
La información no es un consejo médico y no se debería de tomar como una alternativa de hablar con tu doctor. Habla con tu profesional médico sobre indicaciones, contraindicaciones, precauciones, efectos adversos, y cualquier otra información.