¿Qué es la espasticidad? Desafíos y Tratamientos

Autores:
Paula Sánchez-Vegazo Silvosa (Especialista Clínica)

La espasticidad es una condición neurológica compleja caracterizada por un aumento anormal del tono muscular, lo que impacta significativamente la movilidad y la calidad de vida de quienes la padecen. Su manejo debe ser individualizado, por eso existen tratamientos farmacológicos, fisioterapéuticos y, en los últimos años, tecnología robótica, como exoesqueletos, que han demostrado ser efectivos en la reducción de la espasticidad y la optimización de la rehabilitación.

Para una visión rápida de lo que encontrarás en este artículo, consulta nuestra infografía sobre la espasticidad al final del texto.

¿Qué es la espasticidad?

La espasticidad se define comúnmente como el aumento del tono muscular dependiente de la velocidad debido a reflejos de estiramiento exagerados1,2,3,4,5. Esto se acompaña de hiperreflexia, es decir, de un aumento de los reflejos, y es uno de los signos del síndrome de la neurona motora superior4. Este síndrome ocurre cuando hay una lesión en los niveles superiores del sistema nervioso central6.

Muchos han objetivado limitaciones a esta definición. Por ello, ha ido evolucionando con los años. Añadiendo primero el componente sensorial a la definición y, posteriormente, incluyendo aspectos percibidos por el individuo o el cuidador1,4. Así se han introducido algunos aspectos del impacto funcional que tiene este síntoma en el día a día de quienes lo sufren, pudiendo llegar a suponer una limitación en sus funciones corporales, sus actividades y su participación ya que puede llegar a suponer un gasto económico importante para la persona que se costea el tratamiento rehabilitador y farmacológico4,7.

La espasticidad puede venir dada por distintos mecanismos fisiopatológicos según el origen de la lesión, teniendo todos en común una pérdida de las señales inhibitorias (bien sea dada por una pérdida de origen cerebral o espinal). Al final, se produce un aumento del tono muscular debido a reflejos elásticos tónicos hiperexcitables, es decir, que la musculatura se queda contraída por un aumento de excitabilidad en las neuronas4. Este signo clínico se suele confudir con los términos: contractura y rigidez las cuales, no dependen de la velocidad del movimiento, ofreciendo una resistencia constante durante todo el rango de movimiento3.

Las distintas clasificaciones que se pueden hacer de la espasticidad vienen dadas por las diferencias clínicas, la etiología, la localización (hemiespasticidad, paraespasticidad y tetraespasticidad) y la gravedad3.

Epidemiología

La espasticidad es un signo clínico a menudo, infradiagnosticado1 que puede darse en numerosas patologías como esclerosis múltiple, ictus, daño cerebral hipóxico, traumatismo craneoencefálico, lesión medular, tumores y enfermedades degenerativas3,4. Un estudio realizado en 2020, recoge los siguientes datos epidemiológicos:

  • Se estima que alrededor del 38-40% de los pacientes que han sufrido un ictus tendrán algún grado de espasticidad, y que el 16% de estos necesitarán tratamiento.
  • En lesión medular se estima que el 40% de los pacientes tendrán espasticidad.
  • Mientras, los valores más altos aparecerán en esclerosis múltiple más del 80% tendrán este signo en algún momento de su enfermedad,
  • en parálisis cerebral entre un 72-91% de los sujetos mostrará espasticidad
  • y en traumatismo craneoencefálico moderado-severo en más del 63,4%4,6

La espasticidad ha de tratarse teniendo en cuenta lo que interfiere en el desarrollo de las actividades de la vida diaria del paciente, ya que la manifestación de este síntoma es muy variable3. En lesión medular, se vio cómo la espasticidad era más problemática en pacientes con niveles de lesión cervical y ASIA incompleta (B-D)1. Mientras que en esclerosis múltiple puede llegar a ser un síntoma que se correlaciona directamente con la progresión de la enfermedad7.

En estos casos en los que la espasticidad es severa; este síntoma muchas veces va acompañado de dolor y puede llegar a reducir la calidad de vida, dificultando la ejecución de las actividades básicas de la vida diaria (dificultad de cuidar la integridad de la piel, garantizar la higiene e incluso el poder ir al baño) así como la participación en su entorno, lo cual, no solo supone una limitación para el individuo, sino que conlleva además una sobrecarga al cuidador1,7,8.  Además, en algunos casos puede llegar a inmovilizar la articulación que se encuentra entre los músculos afectados por este aumento de tono dependiente de la velocidad. Lo cual, aumenta el riesgo de subluxación y/o dislocación así como de osificación heterotrófica3.

Sin embargo, se ha visto como la espasticidad puede ser beneficiosa para algunos pacientes, permitiéndoles ser más eficientes en las transferencias, la bipedestación y la deambulación, lo que resulta en una disminución del riesgo de osteoporosis, aumento de la circulación y mejora del estado de ánimo3. Así, como puede contribuir a disminuir la atrofia muscular y prevenir la calcificación ósea4.

Diagnóstico de la espasticidad

Siendo la espasticidad multifactorial, es complicado evaluarla. Además, se han identificado múltiples desencadenantes de espasticidad como la vejiga, el intestino, la postura, el frío, la menstruación, la fatiga, el estrés, las afecciones cutáneas, las ortesis o incluso, la ropa ajustada. Todo ello interfiere en la medición objetiva de este signo clínico1.

Es por eso que se buscan medidas cuantitativas o instrumentales (estudios neurofisiológicos o de los reflejos espinales) por su inherente objetividad y fiabilidad. No obstante, éstas pueden no ser tan prácticas. Es por ello, que los métodos de evaluación clínica son más utilizados8.

Siendo la escala Ashworth Modificada (MAS) la más utilizada por su facilidad a la hora de aplicarla sin necesidad de ninguna herramienta. Otras escalas que se suelen utilizar son la escala Tardieu Modificada (MTS), la Penn Spasm Frequency Scale (PSFS) o la Spinal Cord Assessment Tool for Spastic Reflexes (SCATS)1,4.

Tratamiento de la espasticidad

No siempre es necesario tratar este síntoma. Es por ello que se debe realizar una buena historia clínica y evaluación para diseñar un plan de tratamiento. Siendo importante su abordaje en aquellos casos en los que se relaciona con dolor, contracturas musculares y limitaciones funcionales1,8.

Dentro de los posibles tratamientos para la espasticidad existen opciones farmacológicas como la toxina botulínica, el cual es el tratamiento de elección para la espasticidad local. Sin embargo, es un tratamiento caro, y puede causar efectos adversos como la debilidad muscular2, además de otras opciones farmacológicas (baclofeno, antiespásticos orales…), están las quirúrgicas (tenotomías, rizotomías…)1,6.

Pero también existen opciones fisioterapéuticas como la terapia manual, crioterapia, termoterapia, estimulación neuromuscular eléctrica transcutánea, estimulación transcutánea epidural de la médula espinal, estimulación eléctrica funcional, técnicas invasivas (acupuntura, electroacupuntura, punción seca) y terapia robótica. 1,6.

Retos de la espasticidad en rehabilitación de la marcha

La espasticidad, a menudo, supone un problema en neurorrehabilitación por su efecto en la musculatura de miembros inferiores (agonistas rígidos espásticos y antagonistas flácidos). Lo cual puede producir patrones de marcha patológicos afectando al equilibrio tanto de la fase de apoyo como de balanceo2,8.

Se ha demostrado que movimientos repetitivos y entrenamiento funcional puede ayudar a reducir la espasticidad, sin embargo este tipo de entrenamientos usualmente no se puede conseguir con la terapia convencional. Por esto, en los últimos años se ha estado implementando la rehabilitación robótica (exoesqueletos estáticos, exoesqueletos portátiles o de efector final) que permite tener un entrenamiento repetitivo, rítmico y reproducible, que dentro de sus beneficios se encuentra la reducción significativa de la espasticidad en estos pacientes9

Referencias:

  1. Billington, Z. J., Henke, A. M., & Gater, D. R. (2022). Spasticity Management after Spinal Cord Injury: The Here and Now. Journal of Personalized Medicine, 12(5), 808. https://doi.org/10.3390/jpm12050808
  2. Chen, Y., Jiang, L., Cheng, Y., Chen, C., Hu, J., Zhang, A., Hua, Y., & Bai, Y. (2023). Focal vibration of the plantarflexor and dorsiflexor muscles improves poststroke spasticity: A randomized single-blind controlled trial. Annals of Physical and Rehabilitation Medicine, 66(3), 101670. https://doi.org/10.1016/j.rehab.2022.101670
  3. Rivelis, Y., Zafar, N., & Morice, K. (2024). Spasticity. En StatPearls. StatPearls Publishing. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK507869/
  4. Sáinz Pelayo, M. P., Albu, S., Murillo, N., & Benito Penalva, J. (2020). Espasticidad en la patología neurológica. Actualización sobre mecanismos fisiopatológicos, avances en el diagnóstico y tratamiento. Revista de Neurología, 70(12), 453. https://doi.org/10.33588/rn.7012.2019474
  5. Suputtitada, A. (2023). Emerging theory of sensitization in post-stroke muscle spasticity. Frontiers in Rehabilitation Sciences, 4, 1169087. https://doi.org/10.3389/fresc.2023.1169087
  6. Javier-Ormazábal, A., González-Platas, M., González-Sierra, E., & González-Sierra, M. (2022). Invasive Physiotherapy as a Treatment of Spasticity: A Systematic Review. Degenerative Neurological and Neuromuscular Disease, Volume 12, 23-29. https://doi.org/10.2147/DNND.S350192ç
  7. Su, D., Wang, A., Zhu, M., Yang, F., Li, W., Ma, B., Liu, M., Li, Z., Wang, B., Tu, H., & Ning, B. (2023). Repetitive transcranial magnetic stimulation for treatment of limb spasticity following multiple sclerosis: A systematic review and meta-analysis. Brazilian Journal of Medical and Biological Research, 56, e12708. https://doi.org/10.1590/1414-431x2023e12708
  8. Francisco, G. E., Wissel, J., Platz, T., & Li, S. (2021). Post-Stroke Spasticity. En T. Platz (Ed.), Clinical Pathways in Stroke Rehabilitation (pp. 149-173). Springer International Publishing. https://doi.org/10.1007/978-3-030-58505-1_9
  9. https://doi.org/10.3390/jcm12237230

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